De viaje con Iván de Pineda: las claves para conocer un lugar en sólo 48 horas

BARILOCHE.-“Dos días en la vida nunca vienen nada mal”, canta Fito Páez y si esos dos días se aprovechan para sacarle el jugo a un destino turístico, mucho mejor. Esa es la propuesta de Un pequeño gran viaje en 48 horas, programa conducido por Iván de Pineda que acaba de comenzar su cuarta temporada, la primera en la pantalla de Telefe.

Todos los sábados, al término de PH, podemos hablar, el ciclo producido por WarnerMedia Latin America para ViacomCBS (también puede verse en los días posteriores al estreno de cada episodio en TNT, TNT Series, TBS y en la plataforma Pluto TV) muestra uno de los 12 destinos nacionales elegidos: Ushuaia (el primer envío que tuvo su estreno el sábado pasado), Jujuy (el segundo: podrá verse este sábado en Telefe), Misiones, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Corrientes, Entre Ríos, San Juan, Mendoza, El Calafate y Bariloche, hacia donde viajamos para vivir la experiencia junto al conductor.

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Es un jueves frío de un invierno que aún no presentó su mejor cara por estas tierras. Sin embargo, estamos en la antesala de una gran nevada, esa que los barilochenses esperan desde hace dos meses. Se percibe esa ansiedad que, en uno de los salones del imponente hotel Llao Llao toma otras formas. La llegada a la tevé abierta de UPGV en 48 horas trajo hasta aquí a periodistas, directivos, anunciantes, productores y, claro está, al hombre de las millones de millas: Iván de Pineda, experto en viajes, tipo amable si los hay, conversador tan locuaz como inteligente, que en un par de días de compartir desayunos, almuerzos y cenas hablará tanto de su amado San Lorenzo como de por qué se producen las turbulencias en un avión; recomendará una cervecería, una comida y, claro está: una actividad imperdible y que al viajero no frecuente puede pasarle por alto.

Backstage de Un pequeño gran viaje en 48 horas (CHIWIFOTO/)

-¿Qué te atrajo de Un pequeño gran viaje en 48 horas?

-Me pareció muy interesante poder contar historias de lugares y paisajes en una línea de tiempo y sobre todo en estos tiempos de tanta velocidad donde a veces nos planteamos si vale la pena ir acá o allá dos o tres días. Me juego y me voy a tal lugar por un par de días, ¿pero realmente voy a llegar a tomarle el gusto a lo que estoy haciendo, al lugar que estoy visitando? Y la respuesta es sí. En 48 horas podés tener un vistazo muy interesante, muy ameno, muy agradable del lugar que estás visitando y lo lindo es que seguramente te subas al medio de transporte que te lleva de vuelta y te pongas a pensar en cuándo vas a volver. Eso está buenísimo. A mí me sucede que paso por esquinas de Buenos Aires por las cuales camino siempre y veo algo nuevo, que no vi durante diez años.

-De golpe miraste por primera vez para arriba…

-Exacto, es así. Una cúpula, un detalle. Y eso pasa cuando visitás un lugar. Por más que te vayas 20 días a un lugar sentís que algo te faltó. Quizás volviste, te juntaste con tus amigos y sale uno del fondo y te pregunta si no fuiste a tal lado. Y lo mirás: ‘¡pará, estuve 20 días y no fui! Eso va a pasar siempre. Es inexorable. El mundo es demasiado amplio, siempre hay cosas para conocer y aprender. Lo importante es que con esto siempre se hace milla de las ganas, de la curiosidad, del querer llegar a hacerlo, del por qué no.

Backstage de Un pequeño gran viaje en 48 horas (CHIWIFOTO/)

-Siempre está el que te tira el dato antes y el que te lo dice después…

-Uno es el que te lo espoilea y otro el que te lo dice al volver. Vos elegí a cuál querés menos. Esto pasa con los viajes, está buenísimo cierto espolieo pero después el viaje lo tenés que hacer vos. Lógico que la subjetividad aflora, elegís lo que te gusta, dejás lo que no a un lado y en base a eso te acomodás para tener la mejor experiencia de viaje posible.

-La diferencia, en tu caso, es que viajás con cámara.

-Los que integran el equipo de trabajo se transforman en compañeros de viaje. Pasamos muchas horas juntos: desayunos, almuerzos, la noche; que vamos acá, que nos subimos a un auto. La cámara termina siendo parte de la experiencia y rápidamente podés romper esa cuarta pared. Pasás de un lado al otro con mucha comodidad y la cámara se termina transformando en una herramienta para compartir, en algo cómplice para que vos puedas llevar un estímulo al otro lado. Que puedas generar una reacción. La cámara es el instrumento del cual te valés para poder llegar a esos lugares. Muchas veces no influye que esté prendida o no la cámara. Nos encanta y queremos compartirlo para que se disfrute. No queremos ser egoístas, queremos ser lo más generosos posibles.

Iván de Pineda presenta en Bariloche la nueva temporada, primera en Telefe, de Un pequeño gran viaje en 48 horas (CHIWIFOTO/)

-Y por lo que veo tu comportamiento es el mismo con la cámara encendida o apagada.

-No cambio, si lo haría sería como desdoblarse y en algún momento te podés confundir cuando te desdoblás. ¿Qué es lo más importante? ¿Lo de un lado o lo del otro? Y después, es una delgada línea roja. Lo más genuino que puedas ser delante y detrás de cámara te va a servir para ser siempre genuino, en todos los aspectos de la vida.

-Hace muchos años que viajás. De hecho desde la temprana infancia: a los 7 años viajaste con tu mamá y tus hermanos de Madrid a Buenos Aires.

-Ese fue el primer gran viaje. Cruzar de muy chico de un continente a otro, cruzar el océano en tiempos donde no teníamos estos adminículos tecnológicos tan interesantes que nos permiten estar conectados en tiempo y espacio con las antípodas del mundo. Fue impresionante, de repente tenías que acomodarte o adaptarte a un montón de cosas diferentes. Eso pasa en cada viaje que hago, donde tengo que adaptarme en tiempo y espacio a los estímulos que estoy recibiendo y poder llevar eso de la mejor manera posible y encararlo con mucho respeto, buena onda, con la mente abierta, con mucha reciprocidad en el trato. Nosotros estamos compartiendo con un montón de personas que van a ver el programa en la tele o en alguna plataforma digital y el mensaje tiene que llegar con claridad. Del otro lado hay personas que van a pensar y ver las cosas desde otras perspectivas, tan valiosas como la mía. Es importante que pueda haber un ida y vuelta en el que todos nos sorprendamos y emocionemos. Que soñemos que podemos concretarlo. Los viajes tienen mucho de emoción, de proyectar, de sueños.

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-Finalmente estás en ese lugar que soñaste así que solo te queda aprovechar la estadía por más corta que sea, ¿no?

-Y de la mejor manera posible. Quizás planeaste algo, llegaste a un lugar un fin de semana y te diluvió, te cayó el mayor chaparrón de agua de la historia. ¿Cómo hago para que juegue a mi favor y no en contra, para que incluso en esas condiciones disfrute de lo que estoy viviendo? Eso también es parte del viaje.

-Vos no vas en cero a un lugar, ya te informaste, ya estás preparado cuando llegás a destino. ¿Es clave empezar a viajar antes de salir de casa?

-A ver. Siento que con eso no voy a necesitar tiempo de descuento, si lo querés relacionar con un término futbolero. No tengo que ir al alargue. Cuando llegás de esa manera, la absorción que tenés a los estímulos es mucho más rápida. Podés percibir de dónde vienen y podés, a través de los datos que leíste, de tu preparación, conectar los puntos de una manera más rápida: desde lo histórico, la idiosincrasia, la cultura, la gastronomía, cómo hablan, cómo se muestran. Aunque quizás no seas consciente de que lo estás haciendo, el cerebro, que es maravilloso, está conectando todas esas cosas. Muchas veces me pasa que estoy en un lugar haciendo una entrevista y digo algo que no sé de dónde vino. ¡Guau! ¿Cómo surgió esto en mi mente? Y lo que pasó es que la mente lo trabajó a través del dato, de haber leído tres o cuatro cosas importantes. Eso abre puertas, eso te da seguridad. Recorré, andá a todos los hallmarks, los monumentos, los lugares típicos, pero después sentate en un lugar y dejá que todo lo que hay alrededor tu cuerpo lo pueda ingresar: los sonidos, los ruidos, el olor. Siempre digo que no es lo mismo bajar en la ciudad de Buenos Aires que en Río de Janeiro. Cuando se abre la puerta automática del aeropuerto lo que te viene es completamente diferente. No es lo mismo Nueva Delhi que Quebec, Tokio que Kuala Lumpur. Ya empezás desde el vamos a percibir cosas diferentes. Es maravilloso, me encanta eso.

-¿Cómo te llevás con las comidas típicas?

-Muy bien, de eso se trata también, de probar, tener cuidado, informarse, saber hasta dónde uno puede llegar, cuáles son tus límites gastronómicos y de muchas otras cosas también. Tenés que estar preparado para interactuar con cosas que quizás no son las más cercanas a vos, los usos, las costumbres, las tradiciones; quizás chocan con algo que vos traías de tu aprendizaje, pero eso también hacen los viajes, te enfrentan con esas situaciones. Hay que tener la mente abierta, quizás no lo usarías para tu vida diaria pero lo podés comprender y mirarlo con otros ojos.

Backstage de Un pequeño gran viaje en 48 horas (CHIWIFOTO/)

-¿Te sentís un poco un periodista?

-¡No!, a mí no me gusta ocupar o tomar lugares que no me corresponden. Uno se puede desarrollar con mucha sinceridad en determinado metié, pero sabiendo que yo no terminé la secundaria y dije: “voy a estudiar periodismo”. Me desarrollo sí en un ámbito que me lleva a tener charlas y demás pero periodismo estudiaste vos. Tengo una visión muy romántica del estudio. Vos le metiste años al estudio, está buenísimo y desde cada uno de nuestros lugares podemos aportar mucho, sumar, con espíritu abierto, con sinceridad, sabiendo cuáles son los parámetros con los que uno juega. Desde ahí empezás a generar un montón de cosas, pero el mote de periodista no encuadra conmigo: el título es para quien estudió.

-Sos un lector apasionado, ¿te ves estudiando algo?

-Sí, me encantaría. En un futuro cercano… Debe ser maravilloso lo que se siente cuando uno ve el título.

-¿Cuál es tu asignatura pendiente?

-Seguir buscando cosas que me realicen y desarrollarme en lugares en los que me sienta cómodo y pueda dar lo mejor de mí. Siempre. Es una meta.

-¿Ves los programas una vez al aire para analizarlos?

-No me gusta analizar las cosas desde lo técnico. Hay un enorme equipo de producción atrás que se encarga de eso y realizan una labor increíble. Ellos saben mucho más que yo de esas cosas. Yo veo otras situaciones que tienen que ver con cómo estamos diciendo las cosas, cómo eso llega, lo que estamos mostrando.

Contar historias de la gente del lugar, una de las características de Un pequeño gran viaje en 48 horas (CHIWIFOTO/)

-¿Es cierto que viajaste desde muy lejos cuando San Lorenzo jugó la final de la Libertadores?

-¡Sí! Hice un viaje largo con mucha ilusión que fue colmada después con el triunfo. Venía del norte de Noruega. Más allá de la copa me pareció increíble lo que viví en esa venida. Lógicamente tuvieron que coincidir varias conexiones de vuelo para llegar justo. Esas veintitantas horas de viaje fueron con mucha alegría, sobre todo, de poder hacerlo, de encontrarme en esa posición. Y si no se ganaba igual hubiese quedado como una linda aventura.

-¿Es verdad que tenés una valija siempre lista, con cosas que nunca salen de ahí?

-Sí, porque así es más fácil después. Pensás en las cosas que te faltan por estación. Me voy al trópico, a un lugar de invierno. Siempre voy con mi bolso a todos lados. Es como la casa a cuestas del caracol. Y ahí tengo cosas preciadas, que me hacen sentir que estoy cerca de los míos.

-En todos estos años te debe haber pasado al revés, que las 48 horas eran las que estabas en Buenos Aires antes del siguiente viaje, ¿no?

-Sí, muchas veces y ahí había que elegir qué hacer. Como todo la vida es una lección constante.

La agenda de Iván de Pineda está bien delimitada. El conductor sabe que de lunes a jueves su destino es Buenos Aires, donde graba Pasapalabra. Una vez terminada la última jornada de la semana del exitoso ciclo de entretenimientos rumbea hacia el aeropuerto para ir al próximo destino de Un pequeño gran viaje en 48 horas. Como en este caso la ciudad de Bariloche, que será la protagonista del sexto episodio del ciclo. El sábado por la noche regresa y el domingo es su único día libre de la semana, que comparte con su pareja, Luz Barrantes.

-¿Cómo es la relación con tu novia y con tu familia?

-Yo soy muy gregario. Me gusta mucho disfrutar con ellos y con amigos. Si me mandás un mensaje yo en lugar de responderte por ahí te llamo. Me gusta la charla.

-Eso explica por qué no tenés redes sociales.

-Puede ser… igual, ¿qué contaría en las redes? Sería muy aburrido. Si vengo y estoy 24, 48 horas en Buenos Aires tengo que aprovecharlas para estar cerca.

-¿Tenés algún tip para compartir con los viajeros?

-Tener la mente abierta y emprender cada destino como si fuese una aventura nueva. Armate un poco el cuento, investigá antes, pero después déjate sorprender.

-Viví tu propia aventura…

-Exacto. Como el libro que leíamos de chicos. Es eso.