De frutos secos a reparación de bicicletas, emprendedores cubanos se preparan para la apertura

Por Marc Frank y Anett Ríos

LA HABANA, 27 ago (Reuters) – Empresarios cubanos, que
dirigen negocios en la isla, que van desde la venta de frutos
secos hasta la reparación de bicicletas y el desarrollo de
software, están luchando por comprender las oportunidades y
nuevos retos que se avecinan tras un cambio histórico en las
reglas que gobiernan la economía comunista.

El gobierno cubano emitió a principios de este mes nuevas
regulaciones que permitirían a pequeños y medianos
emprendimientos establecerse formalmente como empresas, con lo
que podrían acceder a financiamiento estatal y poner fin a
décadas de ser clasificadas como «autónomas».

Analistas sostienen que la reforma es una de las más
importantes en Cuba desde que en 1968 todas las empresas, hasta
los lustrabotas, fueron nacionalizadas por el fallecido Fidel
Castro.

Omar Everleny, uno de los economistas más conocidos de Cuba,
describió la reforma como muy positiva y largamente esperada por
muchos cubanos.

Sin embargo, la reforma tiene límites importantes. Por
ejemplo, las personas no pueden poseer más de una empresa y no
pueden contratar socios extranjeros ni realizar comercio
exterior directo.

«Dada la situación económica y las restricciones restantes,
no significará una gran mejora económica en el corto plazo»,
advirtió Everleny.

Sin embargo, para Nayvis Díaz, fundadora de Velo Cuba, una
empresa de reparación y renta de bicicletas con 17 empleados en
La Habana, marca un cambio significativo.

«Lo importante es que ahora somos parte integral de la
economía y ya no estamos marginados», dijo.

«Muchas personas con muchas responsabilidades sociales y
comerciales en la ciudad, y muchas otras en el sector privado,
estaban esperando esto», agregó.

La medida es parte de un paquete de reformas orientadas al
mercado emprendidas por el presidente cubano Miguel Díaz-Canel
durante el último año en Cuba, donde la pandemia y las sanciones
estadounidenses más severas llevaron a la inestable economía en
picada y condujeron a la escasez de alimentos, medicinas y otros
bienes básicos.

La economía de Cuba se contrajo un 10,9% en 2020 y otro 2%
este año hasta junio, en comparación con el mismo período en
2020. Y sigue dependiendo del turismo y las importaciones.

Los hermanos Fernández, propietarios de Deshidratados
Habana, única empresa en Cuba que procesa y vende frutos secos,
se mostraron entusiasmados ante el anuncio de la medida.

«Una mala economía puede presentar una oportunidad», dijo
Oscar Fernández, parado en medio de hornos improvisados ​​y
otros equipos en su sótano. La empresa comenzó cuando la
pandemia lo obligó a cerrar su cafetería, explicó.

El horizonte se ha abierto

Cientos de pequeñas empresas han encontrado nichos en una
economía dominada por el Estado que carece de imaginación e
iniciativa: desde restaurantes gourmet y fabricación de piezas
en 3D hasta desarrollo de software, entregas a domicilio,
paisajismo y la contratación en el sector de la construcción.

El sector privado, excluyendo a los agricultores, se ha
expandido desde la década de 1990 para abarcar a más de 600.000
autónomos titulares de licencias. Incluye también a propietarios
de pequeñas empresas, cooperativas no agrícolas, sus empleados y
miembros, comerciantes y taxistas.

La empresa familiar Fernández vende frutos secos en línea y
ha colocado su producto en tres tiendas privadas de alimentos de
lujo en La Habana.

«El horizonte se ha abierto», dijo Oscar, quien tiene un
doctorado en economía. «Una vez incorporados, podemos establecer
relaciones con cadenas de suministro estatales y privadas y
comercializar nuestro producto a quien sea, desde tiendas
estatales hasta hoteles, así como exportar y buscar
financiamiento de bancos locales o del exterior», añadió.

En su taller abarrotado de bicicletas, Díaz se mostró
también animada con las perspectivas de crecimiento, y dijo que
sería cautelosa consultando a su abogado y al contador en cada
paso del camino.

«Tenemos que analizar de cerca el contexto económico porque
tendremos una responsabilidad cada vez mayor con todas las
personas que vamos a contratar en nuestras empresas», dijo.

Los hermanos Fernández han elaborado planes para una pequeña
fábrica que procesaría diariamente una tonelada de fruta,
incluso para la exportación. Sueñan con tener una tienda que
venda sus productos.

«Tenemos la tierra y los proveedores alineados. Solo
necesitamos alrededor de 100.000 dólares en financiamiento»,
dijo Oscar.

Pero queda una gran preocupación, una que comparten muchos
cubanos en las redes sociales.

«Nos gustaría ver en el tiempo cuán fiel se manifiesta esa
regulación en la práctica: hasta dónde nos permite realmente
desarrollarnos el gobierno», agregó Ricardo Fernández.
(Reporte de Marc Frank y Anett Ríos. Escrito en español por
Nelson Acosta
Editado por Javier López de Lérida
)