Cande Vetrano. Charlamos de su paso por MasterChef, su novio y su “museo de cosas”

Candela Vetrano sonríe, sonríe casi siempre mostrando todos los dientes. Y quizá sea por eso, por esa sonrisa “marca registrada”, que cuando pensamos en poner en tapa el optimismo y hacer una edición especial de moda, fue ella la protagonista natural e indiscutida. Porque Cande contagia eso; en la última edición de MasterChef Celebrity no solo la vimos cocinar como los dioses, sino también reírse y hacer gala de su espontaneidad, su frescura y su desparpajo. Ahora la encontramos en otro mood: ya no corre tanto entre grabaciones, sino que tiene toda su energía en terminar de armar y decorar su nuevo hogar –al que se está mudando con su pareja, el actor Andrés Gil–, en seguir creando para su emprendimiento de ropa y accesorios Come to Mama –que comparte con su amiga Mel Soldo– y en terminar de cerrar un proyectazo –del que aún no puede contar nada– para lo que resta de este 2021.

¿En qué momento te encontramos pos-MasterChef?

Me dejó agotada. Fueron muchas emociones, mucho mejor de lo que creía. Al principio, sentí cierto vértigo de lanzarme a algo desconocido…Mi desafío era ser yo misma. Siento que lo cumplí, me vi muchas veces y decía: “¡Sí, es el chiste que yo hago!”. No hice un personaje.

Descubriste que sos muy puteadora, ¿qué otras cosas observaste?

Bueno, eso fue una sorpresa, no sabía que puteaba tanto. Fue muy emocionante a todo nivel, aprendí un montón. Me encanta cocinar, descubrí ahí un lugar muy creativo y me sentí muy cómoda. Descubrí cosas copadas que no sabía que tenía, mi manera de aceptar las críticas, por ejemplo. Eso que para mí es re natural tiene que ver con que laburo desde muy chica. En la actuación siempre fui muy moldeable. A mí me gusta recibir una crítica, que me digan: “Andá por acá”, es mi manera de crecer. Sorprendía eso y para mí era bastante natural. Después me vi muy puteadora, me vi medio sensible, muy vulnerable a un montón de cuestiones. Decía: “Mirá cómo me afecta todo y cómo quiero hacer las cosas bien también”.

La competencia te expone a lidiar en vivo con la propia frustración de que algo no te salga o que no salga como vos pensabas.

Eso es terrible, nos pasa a todos en todos los aspectos de la vida. Pero ahí frente a todos. Lo que tiene la cocina que me encantó es que vos hacés algo que pensás y que toma una forma al instante. Ves el resultado. En la actuación das todo de tu parte y los resultados los ves al tiempo. Con la cocina es algo muy literal.

También se vio algo que tiene que ver con tu personalidad: la alegría, el entusiasmo.

Me lo dijeron, creo que naturalmente soy así. Me alegra que la gente haya visto eso y realmente es la manera que tengo de enfrentar los proyectos, las cosas que hago. Soy re chinchuda también, re emocional, pero bueno, siento que el programa sacó lo más luminoso de mí.

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Parka (The Ann Wagners, $36.800), top de punto (Las Pepas, $8990), aros (Crude, $35.500). (Guido Adler/)

Marca registrada

Cuando pensás en Cande, lo primero que se te viene es la sonrisa, todo el tiempo estás sonriendo. Esa imagen transmite un poco ese modo más “alegría”.

Tengo unos dientes muy grandes, una boca gigante y pintada de rojo. La cábala de los labios rojos hizo lo suyo. Desde que fui a la primera reunión de producción me imaginé así, vestida de colores y con los labios rojos. Nosotros nos teníamos que maquillar y vestir, todos los días. Usaba prendas mías, de mi placard. Pero sí, seguro que la sonrisa y los colores colaboraban a esa imagen de alegría.

El título de tapa nos invita a entrenar el optimismo. ¿Te considerás una persona optimista?

Creo que el optimismo tiene que ver con la creatividad. Los problemas, objetivamente, pueden verse de una manera o de otra. Naturalmente tenemos que entrenar eso porque la vida está llena de mierdas, siempre pasan cosas malas y es re importante cómo cada una percibe esas mierdas, qué hace con ellas y, obvio, no compararse. Me parece que ser optimista tiene que ver con decir “esto es una oportunidad”, tiene que ver con la mirada. Todos los problemas que fueron surgiendo en mi vida han fomentado mi creatividad, yo lo veo así. Soy megapositiva, hasta naíf. Re creo en los sueños, en que todo puede salir bien.

Top y falda (Cloetas, $6800 y $24.200), zapatillas (Hush Puppies, $7900), gargantilla (Crude, $45.900). (Guido Adler/)

Sos bien ADN Cris Morena.

¡Mal! A veces digo: “Sorry, estoy re en este mood, Cris Morena mood”. Es algo que también traigo. Re siento que todo pasa por algo, que siempre es para bien, no sé, me sale pensarlo así. Todo el tiempo hago el trabajo de entender por qué pasan las cosas malas. Y eso me tranquiliza. Pensás un poco en el pasado y de repente te conectás con todas las cosas que te pasaron. A mí no me pasaron muchas cosas malas, por suerte, hay gente que tiene una vida muy difícil, una infancia complicada. Yo, por suerte, tuve una vida feliz. Pero de repente pensás: “Si no me hubiese pasado esto, esto y esto, no pasaría lo que está pasando ahora”. Eso me flashea.

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¿Te tocó vivir alguna pequeña mierda en el último tiempo que hayas podido resignificar o leer así?

Se me viene una pavada, pero les cuento. Yo pinto y había hecho un cuadro. Tengo como momentos muy Marta Minujín, hago cuadros… Y soy muy ansiosa, ese es un tema que tengo que tratar de controlar. Soy muy de ¡ya!, ¡ya!, ¡ayer! Y si tengo una idea, me levanto y la hago en el momento. Si quiero pintar un cuadro, voy a la ferretería, compro los clavos, a la artística, el marco, los pinceles. Para mí “para mañana” no existe. Muchas veces es un problema, muchas veces es lo ideal. Soy muy proactiva. Pero a veces te juega en contra. Bueno, hice un cuadro, lo colgué, mal colgado, pero no me importó, yo lo quería ver colgado. Me bajo de la escalera, me siento en el piano y el cuadro se cae: ¡craaaash! Una explosión porque era un cuadro enorme. Y me acuerdo de eso, de decir: “Bueno, estoy desequilibrada”. Junté todos los pedazos y dije: “Este es el cuadro, todo lo que se cayó y todo lo que se rompió”. Es como que me sale un lado medio artista de resignificar lo que salió mal. Primero entré en crisis, de criticarme por lo acelerada, pero, de repente, tuve un momento de lucidez: “Este es mi cuadro”. De nuevo, todo pasa por algo.

Y te pasa eso también de “it’s okay not to be okay”. Está bien si se te cayó el cuadro y estallaste en llanto.

A mí la oscuridad es lo que más me cuesta. Decir “estoy hecha mierda”. Siempre me sale pensar que voy a estar bien. Hay algo que no me deja caerme en el proceso de mierda, de enfrentarme con eso. Pero, bueno, lo trabajo y es muy importante la persona que tengas al lado como para equilibrar eso. Es clave tener un espacio con tu pareja o con tus amigas o con quien sea para poder caer en esa. La red de contención. No soy emo, pero tengo mis momentos de tristeza y melancolía como todos.

Camisa y pantalón (Las Pepas, $10.900 y $10.900), aros (Crude, $12.900). (Guido Adler/)

El futuro siempre es mejor

Acabás de cumplir 30, ¿cómo te pega el cambio de década?

Dicen que se viene lo mejor. Les dije que soy positiva, ahre. Fuera de joda, dicen que se viene lo mejor. Esto es mío, esto no. Con esto me quedo, con esto no. Yo soy más así, ya no soy tan así. Y eso lo siento. Me empieza a pasar. Estoy todo el tiempo haciendo el laburo de filtrar. Pero bueno, vamos a ver cómo me pega. Bien, seguramente, obvio, ¡desde que me dijeron que soy positiva, nunca hablo tan positiva! Mis cumpleaños siempre son una fiesta, re leonina. Me quiero morir porque yo dije que a los 30 tiraba la casa por la ventana y #pandemia.

¿Te guardaste en la pandemia? ¿Redujiste tu núcleo?

Pasó un poco eso naturalmente. A todos nos tocó. De repente decís: puedo decir que no, tenés excusas. Eso hizo que una eligiera más cómo pasar su tiempo y con quién vale la pena exponerse. Si me contagio, que sea con alguien con quien valga la pena el encuentro. Aunque, sinceramente, me da un poco de miedo que nos volvamos más fóbicos.

Recién mencionabas que eras bastante ansiosa, ¿cómo te ayudás a bajar esa ansiedad?

Hago yoga, pero en el último tiempo empecé a pensar que tengo que sumar algo más aeróbico. Como tenis o salir a correr, algo que me saque más energía, porque con yoga es como que contengo un poco. Me parece que me va a ayudar eso.

A nivel pareja, ¿cómo estás?

Re bien, Andrés (Gil) es un gran compañero. Somos mejores amigos. Es la persona con la que más quiero hacer planes, me divierto mucho. Y como pareja, amor. Estamos desde hace seis años juntos, ya hace tiempo que convivimos y ahora en proceso de mudanza, tomando muchas decisiones, muy entusiasmada.

¿Cuál sentís que es la clave para sostener una pareja tantos años?

Me parece que es algo químico, nos complementamos muy bien. Él me ayuda mucho a mí a bajar, yo lo ayudo a subir. No sé cuál es la clave. Nos respetamos mucho, eso es muy importante. Mucho respeto, nunca me he puteado con él. Incluso cuando él está muy enojado, no se abre ese canal de violencia. Y somos los dos tranquis en un montón de cosas.

¿Tienen algún proyecto de armar familia o es algo que no te llama?

Sí, para mí ser mamá sería increíble. Siempre lo vi muy espectacular. Todo de la maternidad me flashea. Siento que me encantaría ser mamá y, obvio, con él. Pero no tenemos para nada apuro, nos quedan como cinco viajes largos. Sí o sí nos quedan varios destinos sin hijos. Yo trabajo para viajar. Fuimos a Tailandia y Vietnam. Un mes y medio. Fue el viaje más espectacular de mi vida.

Camisa oversize (Cloetas, $12.700). (Guido Adler/)

Emprender, el plan B

Come to Mama nació hace tres años con mi amiga Mel Soldo. Con la idea de buscar un lugar donde poder decir “quiero hacer esto” y hacerlo. Materializar.

Sos una gran materializadora de cosas.

Incito mucho eso. A mis amigas les quemo la cabeza. Salió con esa idea y es un proyecto que a mí me ayuda mucho a ponerme en el otro lugar, ya que siempre laburo con marcas. De repente soy una marca, entiendo a los emprendedores. Es muy difícil, igual, en Argentina. Come to Mama es un museo de cosas, como nos gusta decir, no es que solo hacemos ropa, hacemos muchísimas cosas que tienen que ver con muchos proveedores y es medio complicado, pero es divertido.

¿Estás involucrada al 100% o formaste un equipo?

Yo más que nada estoy para la parte creativa o en las decisiones. Tenemos un grupo re chiquito, pero las tareas están bien divididas.

¿En la pandemia pudieron continuar?

Sí, re. De hecho, nos fue muy bien porque nuestra venta era online.

Para los actores, el año pasado fue un parate muy fuerte, ¿te tranquilizó sentir que tenías otra quintita?

Creo que es bastante desesperante si no tenés un plan B. Para los actores que son solo actores, es muy cruel la dinámica. Psicológicamente me parece que es importante tener otra cosa que no tenga nada que ver.

¿Cómo te llevás con las redes? Tenés muchísimos seguidores. ¿Qué elegís contar y compartir con el mundo y qué elegís guardarte?

Tengo un grupo de mejores amigos en Instagram con los que soy mucho más yo. Siento que Instagram es una vidriera que está buenísima, pero a la vez es medio cara. Me parece que hay que cuidar lo que es más importante para vos y no sé si pongo lo más importante ahí.

¿Viste lo que acaba de pasar con Delfina Pignatiello, la nadadora olímpica? Se bajó de las redes para preservar su salud mental. ¿Cómo hacés vos para regular los comentarios?

Por suerte nunca tuve episodios heavy de haters. Pero sí creo que, en general, las redes son muy crueles, sobre todo para los adolescentes que buscan la aprobación, que están pendientes del like. Me parece muy cruel. Más que nada porque tenemos un algoritmo que es un misterio. Muchas veces hago el ejercicio de subir algo, literal, subo y dejo el teléfono. Es más, Instagram lo tengo totalmente oculto en mi celu. No me gusta estar todo el tiempo ahí, pero nos pasa a todos lo mismo.

Te drena mucho tiempo de la vida.

Y sobre todo el hecho de ver vidas ajenas. Las redes hacen que te olvides de lo buena que está tu vida, de las cosas buenas que te pasan. Inevitablemente caés en una comparación.

Buzo rompeviento (Furzai, $5990), buzo y biker estampada (Ana Förster, $4190 y $2950), biker de punto (Mishka, $9980), botas (The Ann Wagners, $22.800). (Guido Adler/)

La belleza, un estilo

¿Cómo te llevás con la idea de la belleza o de ser linda?

Me pasa que muchas veces digo: “¡Qué hermosa esta mujer!”, y me doy cuenta de que no estoy mirando la perfección, hay algo más para mí. Tiene que ver con una onda, con un estilo, una personalidad. Generalmente, la belleza tiene que ver con alguien que se ve lindo también, con el amor propio, esas cuestiones en donde hay que trabajar, más que el packaging. Yo me llevo bien conmigo, con mi cuerpo, no tengo ningún mambo, pero porque no le pongo atención a eso. Naturalmente me salió nunca tener un problema alimenticio y lo agradezco un montón. Tuvo mucho que ver con mi educación. Los filtros son un problema.

Bueno, ahora hay toda una movida para no usar tanto filtro.

Sí, igual a mí me encantan los filtros. Tengo que subir un video y quizás antes me tenía que maquillar y ahora no. Me pongo un filtro. A mí me encanta la belleza, pero no tiene que ver con algo hegemónico. A mí me gusta lo estético con la idea, con la onda. No me importa ser linda o no. No es que todo el tiempo busco ser más linda. Quiero estar correcta, me hago las uñas, me perturba no tenerlas hechas. Me depilo. Hago cosas que quizá tengan que ver con algo más social, pero a mí me parece cómodo. Todo el tiempo trato de entender qué es mío y qué no.

¿Sos religiosa? ¿En qué creés?

No soy para nada religiosa. Sí me interesa todo lo que tiene que ver con el universo y conmigo, con la fuerza interior. Soy bastante veleta, me voy copando con diferentes filosofías. Lo único permanente es la fe en mí. •

Producción de Virginia Gandola.

Maquilló Carol Hartridge y peinó Juan Manuel Cativa para Mala Peluquería con productos Pantene.