Avanza el ritmo de vacunación y, aun entre dudas sobre el avance de la variante Delta y el temor a una tercera ola de contagios, la vida y la actividad empiezan a recuperar algo de la normalidad prepandemia. Sin embargo, si hay un rubro que de seguro no estará volviendo a su estado anterior, es el de las oficinas. El trabajo remoto y el modelo híbrido entre oficina y casa, co-working o espacio alternativo llegaron para quedarse.

A modo de ejemplo, una encuesta del foro IDEA correspondiente a julio, que incluyó a 250 ejecutivos, ilustra el parecer del empresariado: el 91% de los consultados creen que la política de sus empresas con respecto a la forma de trabajo cuando termine o aminore la pandemia incluye alguna forma de trabajo híbrido. A pesar de ello, muchos aseguran que necesitan de alguna forma de presencialidad si quieren sostener niveles altos de productividad, fomentar la identidad corporativa y fortalecer sus equipos. Y para eso deben poder asegurar una vuelta lo más segura y cómoda posible. No solamente por criterios sanitarios, está claro. También porque en este nuevo mercado laboral, competirán por talento que exige, además de modelo híbrido, oficinas confortables, seguras y modernas.

Mismo dilema tienen los dueños de oficinas, es decir aquellos que alquilan los metros cuadrados a las empresas. En Buenos Aires, por ejemplo, la vacancia oscila entre 15-16%, según la medición, y los precios han descendido un 6,7% desde el inicio del coronavirus, con perspectivas de seguir bajando. Es un mercado, entonces, altamente competitivo. En ese contexto, se vuelve crucial asegurar que están dadas las condiciones para un regreso seguro a los edificios. Muchos ya comenzaron a implementar medidas tendientes a prevenir la propagación del virus, y desde hace varios meses ya trabajan en la adaptación de sus espacios laborales. “Si bien resulta difícil brindar información precisa sobre la cantidad de edificios que están implementando iniciativas para adecuar sus instalaciones, es importante destacar la necesidad de preparar al edificio para el retorno a la oficina en forma segura en un contexto donde la oferta de espacio disponible es muy alta”, explica Martin Potito, Director de la División Oficinas de L. J. Ramos. “Se trata de una inversión necesaria que los propietarios deben analizar para mantener al edificio generando flujos positivos de ingresos”, agrega. En otras palabras: si los dueños no realizan refacciones mínimas dejan de ser competitivos.

Hoy por hoy, en el mercado local esas refacciones todavía tienen que ver con lo sanitario y se mantienen en una profundidad superficial. Desde L.J. Ramos explican que se concentran los esfuerzos en las alfombras sanitizantes y la medición de la temperatura corporal, la solicitud de declaraciones juradas, las mamparas de protección para el personal de ingreso y seguridad, la cartelería y señalización, rutinas de limpieza y desinfección (sobre todo en áreas comunes), etc. No se trata de medidas que no se hayan adoptado también en otros ámbitos. Además, destacan también la importancia de asegurar la calidad y circulación del aire a través de sistemas de filtrado, apertura de tomas de aire exterior y mantenimiento y medición constante.

Pero lo cierto es que, en el terreno de las reformas profundas, los avances son escasos. “Las empresas no están dispuestas a invertir mucha plata en este tipo de reformas porque no saben cuanto tiempo va a durar la emergencia sanitaria”, describe Potito. “Hay algo de inversión en el rediseño del layout de las oficinas para cumplir con el aforo reducido, pero las inyecciones de dinero grande están paradas”, añade. Los dueños, aparentemente, ven difícil encarar inversiones si no hay ni plazos ni necesidades claras. El experto, sin embargo, cree que eso podría ser un error. “El edificio no puede ser otro impedimento más para la vuelta. No puede ser un ‘pero’ adicional”, explica. “Ya está la incertidumbre con el transporte público, con la escolaridad, con los constantes cambios en el marco regulatorio. Lo último que deberíamos hacer es agregar imprevisibilidad con la estructura edilicia”, advierte. Por el momento, todo es cautela. Potito, sin embargo, es optimista: “Cuando el panorama aclare y los proyectos postergados arranquen de nuevo creo que eso va a decantar en una serie de obras importantes”, concluye.

Conocé cuáles son los gastos de una escritura para el comprador y el vendedor

La oficina torpe y el nuevo paradigma

En otro plano están las adaptaciones más profundas que deben realizarse en los espacios de trabajo para “encastrar” con el modelo híbrido y los nuevos hábitos y requerimientos. Santiago Peña Fiorda, jefe de desarrollo de negocios de NÓMADA Workspaces, una empresa especializada en interiorismo corporativo, expresa: “Las personas continuarán trabajando desde sus casas y otras volverán a su lugar de trabajo, así como también están los que prefieran una mezcla de ambas. Para que esto funcione la cultura de la empresa y el espacio de trabajo necesita ser inclusiva y auténtica. Tiene que brindar seguridad, confort y equilibrio entre la vida laboral y personal y estar preparada para esta nueva forma de trabajo de manera orgánica”.

Uno de los grandes desafíos en pos de adaptarse a las nuevas demandas y de retener talento es sin duda el reacondicionamiento de espacios, la generación de ambientes de trabajo atractivos, cómodos y seguros. Valera explica que se está viendo, entre dueños de edificios, mucha reconversión de áreas rentables en lugares para amenities, como pueden ser las cafeterías, los flex spaces para co-working o espacios de well-being como el yoga. “También se está demandando más espacio verde o terrazas parquizadas”, agrega.

Es decir, las nuevas oficinas deben posicionarse para ser atractivas y atraer talento, a la vez generando un sentido de pertenencia y fomentando los vínculos, que son causales directos de la productividad. El desafío de forjar una visión y misión en común, pero con menos presencialidad. El espacio, la tecnología y los amenities, entonces, se vuelven clave.

Para poder ajustarse a estos requerimientos y para que el funcionamiento de este nuevo paradigma de oficina no sea “torpe”, Peña Fiorda señala algunos cambios que considera claves.

En primer lugar, recomienda el reemplazo de la clásica tipología de sala de reuniones rectangular con una pantalla contra una pared por una propuesta más integradora, con salas de reunión circulares, con cámaras en el centro donde todas las personas, incluso las remotas, puedan mirar a todos los invitados.

Barrio por barrio, el precio del metro cuadrado y la rentabilidad de un alquiler

Propone también la utilización de tabiques que permiten adaptarse a necesidades más diversas, modificando las divisiones del espacio de acuerdo a la necesidad del equipo presente. Así, la oficina puede amoldarse a distintos usos. Programas de hospitalidad, colaboración, innovación, bienestar, encuentro, diversión, o teambuilding.

El bienestar en la oficina, según explican desde NÓMADA, debe ser un diferencial. Música, olores o programas de actividades como yoga, mindfulness o meditación son algunas adiciones útiles. El objetivo está puesto en integrar las diferentes modalidades de trabajo y generar comodidad en los distintos perfiles de personas, en un concepto denominado “bienestar aldea”.

Mariana Stange, directora de Mariana Stange Real Estate, cree que “los empleados quieren interacciones humanas reales en la oficina. El trabajo híbrido sigue siendo muy importante, y una gran parte opta por esta modalidad con una frecuencia de tres días en la oficina y dos de forma remota”, describe.

Empieza a emerger una nueva cultura laboral, y de la misma manera lo hace la estructura tradicional de la oficina. Nuevas formas que buscan un nuevo punto de equilibrio.

Conocé toda la información del mercado inmobiliario en LN Propiedades