1. Sus temas son las políticas de género, los feminicidios y la discriminación. ¿Diría que su cine es de “denuncia”?

Sí, claro. En la cuestión de género, nos encontramos en una situación de desequilibrio con respecto al poder. Y la mirada -política- de mi obra se construye desde ese desequilibrio. Mis películas hablan de una desigualdad que se padece.

2. La impunidad que cuenta Santas putas (sobre catorce feminicidios ocurridos en el norte de Chile) indigna y conmueve. ¿Ése era su objetivo?

En una proyección en Viña del Mar, dos mujeres en la sala gritaron cuando terminó la película. Era un grito de furia y dolor. Creo más en esa actitud que en la de hacerse la víctima.

3. ¿El documental aspira a cambiar la realidad?

Me encantaría que fuera así, pero dudo de que el cine pueda cambiar algo. No soy muy optimista en ese sentido. Me limito a cumplir con mi responsabilidad de tocar ciertos temas. En Chile es fundamental hablar de derechos humanos porque no todo el mundo conoce sus derechos.

4. ¿Qué otros cineastas la inspiran?

Yo vivo en el campo, no tengo televisión y viajo poco porque tengo un problema en la columna. Filmo lo que veo a mi alrededor, no estoy muy informada. De lo que tengo el gusto de conocer, valoro mucho el trabajo de Carolina Adriazola, José Luis Sepúlveda y Elena Varela, todos grandísimos realizadores chilenos.

5. ¿En qué proyecto trabaja actualmente?

Acabo de terminar el rodaje de un documental sobre el asesinato de una amiga mía en mi pueblo. En Chile, el 70% de los asesinatos son feminicidios. Sin que yo me diera cuenta, mi cine se ocupa de temas como éste. Diría que ha tomado un camino de insurreción ante lo que está pasando.