WASHINGTON.- Un día después de la innoble retirada norteamericana de Afganistán, el presidente Joe Biden brindó su más feroz defensa de su decisión de poner punto final a la guerra más larga en la historia de Estados Unidos, y marcó un giro en la política exterior del país, al dar por terminada la era de intervencionismo militar para reconstruir naciones, y abogar por enfrentar “las amenazas del futuro”, y el creciente desafío global de China.

“Mis compatriotas norteamericanos, la guerra en Afganistán ha terminado”, proclamó Biden, en un discurso en la Casa Blanca que revistió de un tono mucho más asertivo al de sus mensajes habituales, y con el cual buscó dar vuelta la página a uno de los conflictos más traumáticos y costosos del país, que nació de los atentados terroristas del 11-S.

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Biden reiteró que no estaba dispuesto a extender “la guerra eterna” o a estirar una “salida sin fin” que pusiera más soldados norteamericanos en peligro, y dijo que había llegado la hora de enfrentar un nuevo mundo en el que la amenaza terrorista que llevó a Estados Unidos a invadir el país se ha desparramado más allá de las fronteras de Afganistán, y ahora existen nuevas amenazas, entre las que mencionó a China, Rusia y los ciberataques.

“La obligación fundamental de un presidente es proteger y defender a Estados Unidos, no de las amenazas de 2001, sino de las de 2021 y mañana”, agregó. “Tenemos que aprender de nuestros errores […] Esta decisión de Afganistán no es solo sobre Afganistán, es sobre terminar una era de grandes operaciones militares para rehacer otros países”, definió Biden.

Happening Now: President Biden delivers remarks on ending the war in Afghanistan. https://t.co/wQClfmXWpz

— The White House (@WhiteHouse) August 31, 2021

El presidente también prometió más represalias a Estado Islámico en Afganistán, conocido como ISIS-K, el grupo responsabilizado por el atentado que mató a 13 militares norteamericanos. “ISIS-K, no hemos terminado con ustedes”, advirtió.

La llegada del presidente antes de empezar si discurso (Evan Vucci/)

El discurso de Biden en la Casa Blanca buscó dar vuelta la página a la caótica y humillante salida de Estados Unidos de Afganistán, que provocó la mayor crisis de su joven presidencia y le asestó un costo político aún difícil de calcular. Varios congresistas republicanos ya pidieron su renuncia, o iniciar un juicio político para destituirlo.

La decisión de Biden de seguir adelante con el acuerdo que Donald Trump firmó con los talibanes el año anterior, completar la retirada de las tropas norteamericanas y poner fin a casi dos años de conflicto en Afganistán todavía cuenta con un amplio respaldo de la gente.

Over the last weeks, our troops completed the largest airlift in U.S. military history – carrying more than 120,000 people from Afghanistan. Now, we are working to safely welcome the brave Afghan allies who worked with us, and other vulnerable Afghans to the U.S. Here’s how: pic.twitter.com/kusgdATOQ7

— The White House (@WhiteHouse) August 31, 2021

Pero el repliegue final dejó una cicatriz en la historia, al quedar signado por el fulminante retorno de los talibanes al poder, que desató un pandemonio y hundió a millones de afganos –sobre todo, a las mujeres– en el pánico y la desazón. La evacuación de Kabul ofreció una sobredosis de caos y violencia durante dos semanas frenéticas que terminaron con los talibanes celebrando su triunfo con disparos al aire luego del despegue del último avión C-17 de Estados Unidos, al filo de la medianoche.

Sin mirar atrás, la Casa Blanca busca ahora dejar atrás un verano para el olvido, que comenzó con Biden celebrando la “independencia del coronavirus” justo antes de que la variante delta desatara un furioso repunte de los contagios, y reafirmando su decisión de sacar a Estados Unidos de Afganistán sin mostrar temor por un regreso de los talibanes al poder, al que tildó de “altamente improbable”. Apenas cinco semanas después de ese fallido augurio, el Ejército afgano colapsó, los talibanes tomaron Kabul, y el presidente afgano, Ashraf Ghani, huyó del país.

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Aun en lo más álgido de la crisis, Biden nunca dio marcha atrás, convencido de que mantener la presencia militar de Estados Unidos en Afganistán hubiera arrastrado al país a una sangrienta guerra civil. Biden y su equipo buscarán ahora llevar el foco a su ambiciosa agenda doméstica, con eje en un ambicioso plan de infraestructura y la recuperación a la pandemia del coronavirus, dos temas más acuciantes para el país. Aunque la popularidad de Biden está en caída, las encuestas aun le otorgan una alta aprobación por su manejo de la economía.

Para Estados Unidos, la guerra Afganistán acarreó un enorme costo que comenzó de la misma manera de la cual terminó: con los talibanes en el poder. En casi de 20 años de intervención junto a los socios de la OTAN, Estados Unidos gastó más de 2,2 billones de dólares, según un cálculo de la Universidad Brown. La guerra dejó 2461 soldados, más de 66.000 soldado y policías afganos y más de 47.000 civiles afganos muertos.

Biden se ocupó de remarcar ese costo en su mensaje, con el cual buscó imprimir un giro profundo en la política exterior de Estados Unidos desde los atentados terroristas del 11-S, que llevaron al país a invadir, primero, Afganistán, y luego Irak.