“Tenemos un secuestrado, no tiren”: la advertencia del temible jefe de una banda, condenado a 24 años de cárcel

”No soy ningún nene de mamá, soy ladrón y secuestrador”, dijo Matías Pereyra cuando fue detenido por la policía bonaerense en abril de 2019. Lo buscaban por un secuestro extorsivo ocurrido 45 días antes en Marcos Paz, en el que la familia de la víctima pagó un rescate de 35.000 dólares y 130.000 pesos. La Justicia acaba de darle la razón: Pereyra fue condenado a la pena única de 24 años de cárcel.

El Tribunal Oral en lo Federal (TOF) N°5 de San Martín lo encontró culpable de los delitos de “secuestro extorsivo agravado por haberse cobrado el rescate exigido y por haberse cometido con la intervención de tres o más personas, robo agravado y asociación ilícita agravado por la calidad de jefe u organizador”.

Según informaron a LA NACION fuentes judiciales, además de Pereyra, de 34 años, fueron condenados otros seis supuestos integrantes de “La Banda del Hoyo”, como se la conoció en el momento en que fue desbaratada tras una investigación del fiscal federal Santiago Marquevich y de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) Morón de la policía bonaerense.

Los jueces María Claudia Morguese Martín, Esteban Rodríguez Eggers y Matías Mancini, a cargo de debate, le aplicaron a Pereyra, además, una multa de 90.000 pesos. En el juicio, el Ministerio Público estuvo representado por el fiscal general Carlos Cearras.

Según el requerimiento de elevación a juicio firmado por Marquevich y el fiscal auxiliar de la Unidad Fiscal Especializada en Secuestros Extorsivos (Ufese) Ignacio Rueda, “La Banda del Hoyo”, también conocida como “La Banda del Focus”, le apuntó con una arma de fuego en la cabeza a una de sus víctimas, usada como escudo humano -o como imposible pieza de intercambio, si se quiere- para lograr escapar de la policía.

Ese hecho fue el 27 de febrero de 2019. Pereyra y sus cómplices secuestraron a Pablo M. cuando salía de la inmobiliaria de su familia, en Marcos Paz. Los captores obligaron al joven a bajarse de su Dodge RAM 150 y lo subieron a un Ford Focus blanco, conducido por el jefe de la banda.

El secuestro de Pablo M. fue advertido por un motociclista, que dio aviso a la policía. “A raíz de dicha alerta, dos móviles policiales que recorrían las calles de la zona ubicaron y persiguieron al vehículo de los delincuentes donde se encontraba cautiva la víctima. Durante la persecución, uno de los patrulleros se colocó a la par del vehículo en el que iban los autores del hecho, razón por la cual estos apuntaron con un arma de fuego a la cabeza de Pablo M. y le gritaron al personal policial que circulaba en el móvil: ‘tenemos un secuestrado, no tiren’”.

Como consecuencia de la persecución policial, los secuestradores debieron interrumpir las llamadas extorsivas en las que se negociaba el pago del rescate con el tío de la víctima para, en cambio, comunicarse con un conocido y avisarle que iban a ir a su quinta para ocultarse y continuar con las “negociaciones extorsivas”.

“Una vez acordado el monto del rescate, los secuestradores se organizaron de la siguiente manera: por un lado, descartaron el Ford Focus, en razón del contacto que tuvo con la policía (luego, ese vehículo fue hallado incendiado en inmediaciones del lugar de cautiverio) y, por otro lado, requirieron el aporte de un nuevo vehículo para continuar con el plan criminal”, explicaron Marquevich y Rueda en el requerimiento de elevación a juicio.

La víctima estuvo en la quinta que consiguió la banda hasta que uno de sus integrantes regresó con un VW Fox rojo. Pablo M. fue obligado a sentarse en el asiento trasero del vehículo y lo trasladaron hasta Pontevedra, partido de Merlo, donde su tío debía llevar el dinero exigido a cambio de su liberación.

Pablo M. fue soltado en la localidad de Libertad, en Merlo, pocos minutos después de que su tío le entregara a un integrante de la banda una bolsa con 35.000 dólares y 130.000 pesos. Pero además de rescate, los secuestradores se quedaron con los 120.000 pesos que la víctima tenía en una mochila.

En otro secuestro, ocurrido 22 días antes de aquel en Ituzaingó, “La banda del Hoyo” consiguió el pago de un rescate de 60.000 dólares, según el expediente judicial. Los delincuentes también llegaron a juicio por una serie de robos en casas y de vehículos, con los que luego utilizaron para trasladar a sus víctimas y por formar parte de una asociación ilícita.

Pereyra fue detenido el 9 de abril de 2019 en su casa de Marcos Paz. Cuando el personal policial irrumpió en su domicilio, se resistió a los tiros. Él terminó con una herida en una pierna.

“No soy ningún nene de mamá, soy ladrón y secuestrador”, sostuvo Pereyra según el video que se difundió cuando fue apresado. Ahora, la Justicia lo confirmó.