Michael Keaton cumplirá el domingo 5 de septiembre 70 años. En los tramos más recientes de una larga carrera en el cine que conoció altibajos pero también, sin dudas, exhibió unos cuantos puntos altísimos, aparece un papel que hasta hoy sigue tan inadvertido como ocurrió desde el momento de su estreno, a finales de 2015. Es la personificación de Walter Robinson, editor de investigaciones del diario The Boston Globe y cabeza del equipo que reveló por primera vez al mundo la red de abusos y encubrimientos que durante varias décadas tuvo como protagonistas a sacerdotes católicos de la arquidiócesis de esa ciudad estadounidense.

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El paciente y monumental trabajo de ese grupo de periodistas es la base de Spotlight: en primera plana, que ganó dos Oscar en 2016 (mejor película y mejor guion original), pero por encima de esos premios logró para muchos devolverle el sentido, el valor, el compromiso y la mística a una actividad muy cuestionada y golpeada, sobre todo en los Estados Unidos. Gracias a esta película “los periodistas han manifestado sentirse motivados, guiados y reconfirmados en su vocación”, escribió Marty Baron, una verdadera leyenda del periodismo, que en febrero de este año se retiró luego de pasar 45 años en las redacciones. Baron también aparece en la película (con el rostro de Liev Schreiber) porque como editor en jefe de The Boston Globe fue el máximo responsable que una investigación de relevancia mundial encontrara por fin un lugar en las páginas del diario.

Rachel McAdams, Michael Keaton, Mark Ruffalo, Liev Schreiber y Bryan D’Arcy James en Spotlight: en primera plana, ganadora del Oscar en 2016

Si la aparición de Keaton y del resto de un elenco ejemplar no alcanzó el relieve suficiente como para que hoy la película se identifique, como suele ocurrir, a partir de los rostros de sus intérpretes, la explicación hay que buscarla en una decisión de sus productores, llamativa en un mundo acostumbrado a buscar luces y brillos efímeros. Ellos creyeron que por tratarse de un relato coral, en el que ninguno de los personajes prevalece por sobre los demás, no correspondía postular a alguno de sus actores como aspirante a un premio protagónico.

Así, de las seis nominaciones con las que llegó al Oscar, dos correspondieron a Mark Ruffalo y Rachel McAdams como actores de reparto. Ninguno de ellos se llevó la estatuilla. Es muy probable que desde lo simbólico los cotizados (y comprometidos) intérpretes de Spotlight hayan vivido como un premio de mayor valor aquel momento de septiembre de 2015 en el que aparecieron en el escenario del Festival de Toronto junto a los periodistas que les tocó interpretar, antes de la primera proyección del film a sala llena.

En esa noche le tocó al guionista y director de la película, Tom McCarthy, convocar primero a Keaton, Schreiber, Ruffalo, McAdams, John Slattery y Brian D’Arcy James, e inmediatamente después a los seis artífices de la extraordinaria investigación de The Boston Globe: Robinson, Baron, Mike Rezendes, Sacha Pfeiffer, Ben Bradlee Jr. y Matt Carroll. “Todos fueron recibidos como si se tratara de astronautas recién llegados de una misión. Fueron tres minutos de ovación con el público de pie”, diría McCarthy más tarde frente a LA NACION.

“En el centro está el progreso de la pesquisa, que es como el lento, paciente armado de un rompecabezas. Cada pieza importa; ninguna es la decisiva o todas lo son”, escribió Fernando López en la critica de LA NACION, publicada el 11 de febrero de 2016, día del estreno de Spotlight en los cines de la Argentina. Allí se agrega como dato relevante que todo lo que importa en la película aparece en un segundo plano: testimonios, informaciones que van encadenándose, tropiezos y dificultades que imponen nuevos criterios de búsqueda, hipótesis y teorías “que van iluminando zonas oscuras y haciendo lugar a nuevas vías de investigación”. La película también muestra algunos momentos de furia e impotencia, en los cuales parece que los periodistas están al borde de tirar la toalla, resignados a que el poder (en toda su expresión) recurra a todos los medios a su alcance para que la verdad se mantenga oculta y nunca se conozca.

Michael Keaton y Rachel McAdams en Spotlight

El ritmo paciente y ajeno a cualquier vértigo que emplea la película es imprescindible para entender el sentido del trabajo meticuloso, comprometido y profesional del equipo encargado de la investigación. Y a la vez es el único camino posible para entender del todo otro factor clave de la historia: había que superar la multitud de obstáculos, barreras y pactos de silencio que durante muchos años frenaron la pesquisa, además de agravar hasta extremos intolerables las penas y los dolores de los damnificados. Enfrentarse con alguna expectativa de éxito al mutismo de las autoridades eclesiásticas y a la complicidad de parte de la comunidad política local requería esa estrategia. La película lo muestra.

Ese modo de narrar hace mucho más convincente la observación del trabajo de los periodistas que investigan y refuerza la transparencia del testimonio de los sobrevivientes. Y de esta manera se evitan además los golpes de efecto. En otras manos menos conscientes de la rigurosidad que exige una investigación periodística de este tipo (y la del Boston Globe fue ejemplar en ese sentido) el resultado hubiese sido una película cargada de sensacionalismo. Spotlight es la mejor demostración de que este tipo de historias basadas en conmocionantes hechos reales no necesitan recurrir al ruido, a la exageración, en busca de de impacto y al énfasis para contar la verdad y estremecer los corazones del público con ella.

En febrero pasado, Baron habló con LA NACION y dijo que la investigación que le tocó liderar como editor jefe en el Boston Globe fue la más trascendente de toda su larga y extraordinaria carrera periodística. “Ciertamente fue la que tuvo el significado más profundo para mí porque tuvo un impacto muy directo en la vida de la gente común, supervivientes, víctimas del abuso del clero que no estaban siendo escuchadas” ni por las fuerzas encargadas de hacer cumplir la ley, ni por los políticos, ni por los periodistas, le dijo Baron a Hugo Alconada Mon.

Spotlight saldó esa deuda, reivindicó al mejor periodismo posible y logró también que se entendiera por qué McCarthy eligió a un grupo ejemplar de grandes actores para llevarla a la pantalla. Michael Keaton contó, por ejemplo, que mantiene hasta hoy la costumbre de enterarse de lo que pasa en el mundo leyendo los diarios en papel.