En sus primeros años, el exjuez Norberto Oyarbide tuvo un desembarco complejo para arrancar la carrera judicial.

El letrado empezó en Tribunales, como “pinche”. En 1993, cuando Carlos Menem era presidente y Carlos Arslanian su ministro de Justicia, dio el salto: lo designaron al frente de la fiscalía federal 1, la única con competencia electoral. Un año y tres meses más tarde, ya era titular del juzgado federal 5. Su pliego fue aprobado por el Senado, en 1994, con la oposición del radicalismo.

Oyarbide no sólo fue el primer juez de su familia, también el primer abogado. Su padre, Gregorio Oyarbide, tenía una peluquería de hombres en San José, Entre Ríos, y su madre, Isidora Portillo, trabajaba en una empresa telefónica. El murió hace más de 30 años; ella, hace dos. Oyarbide hablaba de ambos como sus principales modelos.

Su llegada a Buenos Aires no fue fácil. Paró en varias pensiones baratas y su primer trabajo fue barrer pisos en una empresa de electrónica. En 1980 se recibió de abogado en la UBA.

La ropa le encantaba. Sus zapatos siempre brillaban, solía usar moño y las camisas se las hacía a medida en una casa de Callao y Alvear.

Su despacho supo ser impecable. Sobre su escritorio lucía pocos objetos: una Biblia con tapa de nácar, una imagen de la Virgen y una foto con su madre, a quien cuidó con devoción hasta su muerte.

En 2009, LA NACION habló sobre él con cuatro de sus pares y con cinco fiscales federales. Quienes lo destacaron como un caballero, cálido y atento. Quienes no, lo acusaron de superficial, parlanchín y pretencioso. Pocos cuestionaron su trabajo. Casi todos coincidían en que se trababa de alguien serio, muy formal, superprolijo, que sabía lo que pasaba en cada expediente y que lo controlaba todo.

Oyarbide era de los pocos jueces que acostumbraba a ir a todas las indagatorias para conocer a los acusados. La ley exige que los magistrados estén siempre en estas audiencias, pero no lo cumplen casi nunca. “El ha llegado a darle su teléfono personal a a algún preso para que lo llamara si tenía algún problema”, relató un fiscal.

En Tribunales le reprochaban, no obstante, que sus investigaciones solían no llegar tan lejos como él augura; sobre todo, cuando comprometían al poder de turno.

Escándalos

Spartacus, el burdel gay que lo llevó a enfrentar un juicio político

En 1998, estalló un escándalo que lo llevó a juicio político: fue señalado como cliente vip de Spartacus, un burdel gay, y circulaba por televisión un video, supuestamente de él, en ese lugar. La principal acusación del jury fue por haber protegido una red de prostíbulos. El 11 de septiembre de 2001, el PJ juntó los votos para un empate y el Senado de la Nación lo absolvió

Alto perfil

Presencia en la noche y lujos, las marcas de su vida pública

Siempre tuvo un altísimo perfil. Cantó con “La Mona” Jiménez, fue vestido de jaquette a la procesión de la Virgen del Milagro y compartió las noches de Esperanto con vedettes y futbolistas. Exhibió siempre gustos caros, como un anillo de diamantes que decía que se había comprado con “regalos”. Por ese anillo lo investigaron. El caso se cerró. Supuestamente era prestado

Fallos

Años al calor del kirchnerismo, con fallos funcionales al poder

Durante el kirchnerismo, Oyarbide firmó fallos que favorecieron mucho al poder. Entre ellos, el procesamiento contra Mauricio Macri en la causa por las escuchas ilegales y el sobreseimiento de los Kirchner por enriquecimiento ilícito. Mientras tanto, el Consejo de la Magistratura le cerraba las denuncias en su contra.