La marcha peronista, el estribillo de “Matador”, uno de los sucesos musicales de los Fabulosos Cadillacs, ejecutados por la banda de Carlos, El Tula, legendario bombista justicialista, y un aplauso cerrado de sus ex colaboradores y amigos pusieron fin ayer, a las 12, a los 10 años de gobierno de Carlos Menem.

Con los ojos brillosos y una sonrisa tenue que se amplió cuando las cámaras televisivas se encendieron, Menem logró, en parte, uno de sus anhelos: no salir de la Casa Rosada en soledad, como les sucedió a sus antecesores Raúl Alfonsín (en 1989) y Reynaldo Benito Bignone (en 1983).

Aunque esperaba que en la despedida estuvieran los mandatarios extranjeros, se sintió reconfortado con la presencia de sus ex ministros, algunos ex secretarios de Estado, legisladores como los senadores Antonio Cafiero y Eduardo Menem, su sobrino y flamante diputado Adrián Menem y amigos fieles, como Víctor Bo y Armando Gostanian.

Cinco minutos duró la ceremonia de adiós en el Salón de los Bustos, que concluyó con un gran tumulto cuando Menem y De la Rúa aceptaron acercarse al periodismo para ser fotografiados juntos. «Me siento muy bien», fue la primera expresión de Menem, ayudado por la flamante primera dama, Inés Pertiné de De la Rúa, quien le transmitió la pregunta unánime que no alcanzaba a escuchar por la música.

Los apretujones entre los periodistas, camarógrafos y reporteros gráficos fueron de tal magnitud que hasta se despegó una placa de mármol de la base de una de las columnas del Salón de los Bustos.

Menem había llegado a la Casa Rosada, desde Olivos, a las 8.45, de impecable traje azul, corbata azul y camisa blanca, acompañado por su hija, Zulema, y una reducida delegación: quien fue su secretario privado, Ramón Hernández, el único que se mantuvo en el mismo puesto durante los diez años; el secretario general de la Presidencia, Alberto Kohan; el jefe de su custodia, comisario Guillermo Armentano, y su médico personal, Alejandro Tfeli.

La comitiva se trasladó al despacho presidencial, donde aguardaron al flamante jefe del Estado, al vicepresidente y a sus esposas. Poco a poco fueron llegando otros ex colaboradores y amigos, con quienes compartieron anécdotas.

Golpe final

Mientras invitados y organizadores se desplazaban por la Casa Rosada, se produjo un incidente entre el director de Ceremonial de la Presidencia, Alejandro Daneri, Ramón Hernández y Rafael Aguirre. El primero recibió una certera trompada en la nariz, que le provocó una herida cortante. Si bien hay versiones contradictorias sobre el autor de la agresión, se supo que, por la tarde, Daneri presentó una denuncia policial en la seccional 2a., ubicada en Perú 1050. Acusó a Hernández con quien mantiene una antigua disputa.

«Me voy con él»

Entre los más distendidos por el fin de sus actividades oficiales se vio a María Julia Alsogaray, ex secretaria de Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable; al flamante designado senador por la Capital Federal, Carlos Corach; al ex ministro de Defensa Jorge Domínguez, y al ex titular del PAMI Víctor Alderete.

En el Salón de los Bustos, Corach no quiso hablar de otra cuestión que no fuera del traspaso del poder, porque «estoy de vacaciones». María Julia se mostró feliz al decir que «vine (al gobierno) con él y me voy con él». Jorge Domínguez estaba entusiasmado porque «finalmente estoy libre» y Alderete no perdió la sonrisa.

María Elena Polack