NUEVA YORK.- Por primera vez desde la Gran Depresión y después de cuatro décadas de un explosivo crecimiento, la ola inmigratoria de mexicanos a Estados Unidos llegó a un punto muerto, un giro histórico en el vínculo más sensible entre los dos países.

Desde 1970, unos 12 millones de mexicanos, la mayoría de ellos sin papeles, cruzaron la frontera y llevaron su vida a Estados Unidos, una incursión que la primera economía mundial, forjada por inmigrantes, nunca antes había visto en esa magnitud.

Entre 2005 y 2010, el número de mexicanos que cruzó de México a Estados Unidos cayó a la mitad respecto de los cinco años anteriores. Y, por primera vez, la cantidad de mexicanos que regresó a su país fue la misma, según un estudio del Pew Hispanic Center.

Fue, a primera vista, la gran reversión originada por la Gran Recesión que vive Estados Unidos.

Aquí, los mexicanos llevaron a los latinos a ser la primera minoría del país, y la de mayor crecimiento. Repartidos desde California hasta Nueva York, se convirtieron en actores relevantes de la economía, desde las casas en construcción y los bancos de inversión de Wall Street hasta granjas de los estados agrícolas del Sur, como Alabama y Georgia.

En la avenida Arthur, en el Bronx, el barrio más latino de Nueva York, transformaron Little Italy en Little Mexico: en los restaurantes, fiambrerías y pescaderías, los dueños siguen siendo italianos, pero los empleados, ahora, son mexicanos.

La débil recuperación de la economía norteamericana tras la crisis global y el mejor desempeño de México en los últimos años no fueron las únicas razones que llevaron a más mexicanos de regreso y pusieron fin a la mayor ola inmigratoria desde un solo país en la historia de Estados Unidos.

Detrás del giro aparecen, también, el aumento de las deportaciones -cerca de 400.000 personas en 2010, un récord histórico- y el refuerzo de la seguridad en la frontera, que ha hecho más difícil y peligroso el cruce para quienes no tienen papeles. También una caída en la tasa de natalidad de largo plazo de México.

«No sabemos si la ola se reanudará, pero sí sabemos que la situación actual es algo más que una pausa temporal», afirmó Paul Taylor, director del Pew Hispanic Center.

Este histórico giro ocurre en medio de un creciente sentimiento en contra de los inmigrantes en varios estados de Estados Unidos, que copiaron, e incluso ampliaron, las medidas en contra de los extranjeros indocumentados que propuso Arizona en 2010. Esa ley, bloqueada por los tribunales, llegó hasta la Corte Suprema de Justicia, que hoy escuchará argumentos a favor y en contra de la iniciativa antes de decidir si es constitucional (ver aparte).

Paradójicamente, mientras se multiplicaban esas leyes, la cantidad de extranjeros indocumentados disminuía, desde el pico de 12 millones que alcanzó en 2007, hasta alrededor de 11 millones de personas el año pasado, una caída que casi en su totalidad fue provocada por un menor número de mexicanos sin papeles, de 7 a 6,1 millones.

La realidad que presenta el informe será ajustada por demócratas y republicanos para calzar con los discursos de la campaña presidencial, en los cuales la inmigración y la postergada reforma migratoria tendrán un capítulo importante.

Tanto el presidente Barack Obama como su rival republicano, Mitt Romney, comenzaron a desplegar esfuerzos para seducir al crucial voto latino, que podría decidir la elección en estados reñidos, como Florida, Nevada, Colorado y Nuevo México. En esa tarea, Romney, que derrochó elogios hacia la ley de Arizona y se mostró a favor de promover la «autodeportación», tiene un trabajo mucho más difícil que Obama.

Seguridad

Atado al flujo migratorio aparece otro tema de alto voltaje político: la seguridad en la frontera entre ambos países.

Los republicanos desplegaron advertencias alarmistas y propuestas que rozaron el ridículo, como la del ex precandidato presidencial Herman Cain, que pidió construir un cerco electrificado.

Pero un informe de la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés), difundido esta semana, afirma que la frontera, reforzada con personal y seguridad en la última década, nunca ha sido tan segura. La narcoviolencia que azota a México no se derramó a Estados Unidos. El Paso, en Texas, pegada a Ciudad Juárez, en México, tiene la menor tasa de crímenes del país.

La cantidad de arrestos por migración cayó allí el 61% desde 2005, hasta el nivel más bajo desde principios de la década del 70, cuando Richard Nixon era presidente y se desató la ola migratoria mexicana.

El refuerzo de la frontera llevó a los migrantes a cruzar por zonas cada vez más peligrosas, bajo la tutela de los «coyotes» que operan con el crimen organizado, afirmó Maureen Meyer, coordinadora del Programa sobre México de WOLA.

«El aumento en la seguridad ha hecho del tráfico de personas una industria más lucrativa. Como es más difícil cruzar, se puede cobrar más», sentenció Meyer.

Cada año, unos 20.000 migrantes que intentan llegar a Estados Unidos, en su mayoría de América Central, son secuestrados, torturados, violados o asesinados por el crimen organizado en México, agrega el informe de WOLA.

Hilario Rodríguez, un mexicano de 32 años, le pagó 2500 dólares a un «coyote» para entrar a Estados Unidos sin papeles hace cuatro años. Los centroamericanos pagan más, dice. El trabaja en la construcción y logra enviar unos 900 dólares todas las semanas a su mujer y sus dos hijos, que viven en México, y a los que no ve desde que dejó su país.

Hilario se quiere volver a México. Aquí, dice, no se siente libre. Lo único que hace es trabajar, y no quiere que su familia se mude porque prefiere las tradiciones y la cultura de México a las de Estados Unidos. Tampoco les recomendaría a sus amigos que emigraran, como en su momento varios amigos le recomendaron a él.

“Las cosas en México están mejor ahorita -afirma-. Aquí es difícil encontrar trabajo, no tienes papeles, y es más peligroso cruzar. No vale la pena.”