Cansado de contar los balcones y añorar las flores, el artista Sergio Gravier pensó manos a la obra y con pasto sintético, pegamento, flores de género, perfume y ganas armó una serie de instalaciones que estos días está pegada a paredes que solían ser grises y estaban pintarrajeadas con leyendas políticas.

Gravier es el mismo que dejó hace un par de años altares del Gauchito Gil en varios puntos de Palermo. Su idea actualmente es dejar fragmentos de jardines que fueron volados por el viento y quedaron pegados a la pared. Paredes tristes de edificios públicos como el Ministerio de Defensa, el de Hacienda y la Casa de Moneda.

Hay más datos en www.sergiogravier.com.ar .