El sismo de 7,1 en la escala de Richter, con epicentro en Acapulco, que hizo temblar este martes a la Ciudad de México trajo el recuerdo de dos antecedentes negros que registra el país en este mismo mes. Primero, un terremoto de 8,2 en Oaxaca y Chiapas, el 7 de septiembre, con 100 fallecidos, pero luego otro el 19 de septiembre, en Puebla, que tuvo un pico 7,1 y provocó la muerte de 369 personas.

El sismo Oaxaca y Chiapas, con tsunami incluido, afectó a cientos de comunidades en ambas localidades y también al distrito de Tabasco. Según los datos oficiales, se reportaron 100 fallecidos entre las tres ciudades. Pese a que no tuvo el impacto más grande, se trata del terremoto de mayor magnitud desde el ocurrido en 1932 en Jalisco-Colima.

Un sismo de 7,1 con epicentro en Acapulco hizo temblar a Ciudad de México

Sin embargo, en la ciudadanía quedó grabado el desastre dejado por el sismo en Puebla el 19 de septiembre del mismo año. De acuerdo al Servicio Sismológico Nacional, el epicentro se localizó a 12 kilómetros al sureste de Axochiapan. Con casi 400 muertes, la Ciudad de México fue donde se registraron la mayor cantidad de víctimas fatales, en parte por la densidad de población y la estructura del subsuelo que amplifica las ondas.

Si bien la ciudad contaba con una alerta sísmica, no sonó en forma de prevención por primera vez. Las personas pudieron escucharla once segundos después del inicio del sismo, dada la cercanía del distrito con el epicentro, separados por una distancia de más de 120 kilómetros.

Según firmas independientes, el terremoto de Puebla provocó pérdidas de entre 4 mil y 8 mil millones de dólares. Asimismo, junto con el Chiapas, ambos ocasionaron la destrucción que 150 mil viviendas fueran dañadas y que 250 mil personas perdieran sus hogares, según las estimaciones del Gobierno.