En 1978, el celebrado pintor holandés Pat Andrea conoció en Mendoza a la pintora argentina Cristina Ruiz Guiñazú. Se enamoraron, se fueron a París. Volvieron y decidieron buscar una casa en Buenos Aires. En poco tiempo, el núcleo familiar se multiplicó con la llegada de Azul y Mateo (que acá nos muestra su departamento en París), quienes de forma natural heredaron la pasión de Pat y Cristina por el arte. Cuando los chicos empezaron el colegio, se radicaron definitivamente en París.

Salvo por la excepcionalidad de la pandemia, vienen todos los años: a conectarse con sus raíces (Mateo y Azul pasaron su infancia acá), a disfrutar del calor porteño (sí, a disfrutar), a ver a amigos queridos y a seguir trabajando, como el resto del año y en cualquier parte del mundo, en esta casa reformada por el arquitecto Jorge Prack para ser vivienda y taller.

El corazón de la casa

El estudio de Pat se hizo en un gran salón con pisos originales de pino tea y todo pintado de blanco. Conectado con el living (donde está el postigo azul), tiene dos entradas contiguas dadas por las aberturas con banderola restauradas. (Daniel Karp/)

No es extraño que a Pat Andrea lo haya atraído esta construcción. Holandés de nacimiento, ciudadano del mundo y argentino por adopción, viene al país desde fines de los años 60 y es un gran conocedor de nuestra cultura. Para octubre de este año está preparando una gran retrospectiva de su obra en el museo MORE (de “Modern Realism”) en Gorssel, Holanda.

Entre bastidores, lienzos y bocetos, el taburete de piano que el artista usa para pintar. (Daniel Karp/)

En los 80 compraron dos lotes paralelos: uno, construido adelante; el otro, al fondo de un pasillo. El arquitecto Jorge Prack fue responsable de la unión de las dos viviendas, y ejecutó una reforma que resultó en una estructura amplia y cómoda que mantiene el planteo original de la tradicional casa chorizo.

Juego de perspectivas: Pat detrás de su obra “Mirando a través de su mirada”. En la foto de la derecha, la puerta que va del taller al living. (Daniel Karp/)

Un living con clásicos modernos

Contiguo al taller hay un estar equipado con clásicos modernos: la mesa ‘Schroeder’, de Gerrit Rietveld, y sillones ‘Wassily’, de Marcel Breuer (Manifesto). Enfrente, sobre el sofá hecho a medida, una pintura que representa a Cristina con Mateo recién nacido. (Daniel Karp/)

Video: familia en acción

Cocina y comedor

Sobre la mesa, adornos de cerámica facetada pintados por Pat. Detrás, placard realizado a partir de la puerta de uno de los baños preexistentes. (Daniel Karp/)

Hace unos quince años, se hizo una puesta a punto con la arquitecta María Laura Rodríguez Mayol que incluyó la reforma de la cocina.

El mural en la pared es una gigantografía sobre acrílico de una obra de Pat. Se armó con una mesa formada por dos placas de vidrio de 6mm pegadas sobre caballetes, rodeada por un juego de sillas ‘Polychair’ (Manifesto). (Daniel Karp/)

La cocina tiene una ventanita rectangular que comunica con el exterior y resulta práctica para llevar y traer platos cuando se hace una comida afuera. (Daniel Karp/)

En el patio, antigua mesa de bar (Un Viejo Almacén) y sillas francesas de madera. A un costado, la escalera conduce a dos terrazas: una, de servicio; otra más grande, para tomar sol justo a la altura de las copas de las palmeras del jardín.

Rojo, azul, amarillo

El patio conserva el solado original de la construcción. (Daniel Karp/)

Cuartos con presencias

Las pinturas, firmadas por Cristina, son retratos de sus hijos Mateo y Azul. Cubrecama (Ikea París), almohadones (Arredo) y respaldo hecho con tela a rayas colgando de un barral. (Daniel Karp/)

En el dormitorio principal se pulió y plastificó el piso de pino tea original y se dejó la bovedilla a la vista pintada de blanco con una claraboya para la entrada de luz natural. Hay un ropero de roble con espejo y, sobre las mesas de luz hechas con cajoneras pintadas de blanco.

El cuarto de los hijos tiene la misma estructura que el de los padres: cubrecama (Ikea París), almohadones (Arredo) y velador de acrílico (Easy). Sobre el placard pintado en amarillo y plateado, retrato que Cristina hizo de su hermano, el músico Chacho Ruiz Guiñazú. (Daniel Karp/)
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