El vicepresidente Carlos “Chacho” Alvarez admitió que la crisis correntina puede extenderse a otras provincias y que el Gobierno había sido alertado, días antes de la llegada al poder, de la grave situación que se estaba gestando.

«Corrientes es una advertencia sobre cómo manejar las administraciones provinciales y nacional», aceptó Alvarez en una entrevista con La Nación , en su nuevo despacho del Senado, en momentos en que el Gobierno confirmaba que dos jóvenes habían muerto luego de que la Gendarmería desalojó el puente General Belgrano.

El vicepresidente afirmó que «hay que analizar el comportamiento de la Gendarmería y comprobar si es cierto lo que decimos desde el Gobierno: que las balas no salieron de la Gendarmería».

Durante la entrevista destacó que la prioridad del presidente, Fernando de la Rúa, será la reforma política para jerarquizar la dirigencia.

-¿Qué significan las dos muertes como cierre de la primera semana de gobierno?

-Es lamentable. Federico Storani (el ministro del Interior) ya había advertido en la primera reunión del gabinete designado, durante la transición, sobre lo que se estaba gestando. Planteó lo que se armaba, que el puente se tomaba el viernes 10 junto con el recambio de autoridades. Digo esto al margen de reivindicar el reclamo legítimo de los correntinos.

-¿La crisis se puede extender a otras provincias?

-Sí. Corrientes es una advertencia sobre cómo manejar las administraciones provincial y nacional. Muestra el fracaso de la clase dirigente, de todos los partidos, de la utilización prebendaria del aparato del Estado en una situación caótica económica y social. Lo que se intenta armar no es una impugnación al Gobierno sino al sistema democrático. Cuando se dice «radicalizar el conflicto» se busca plantear la incapacidad del sistema democrático para incluir a la gente. Es importante la gestión que hagan los gobernadores para evitar eso.

Su nuevo papel de presidente del Senado lo mantuvo alejado de la resolución directa de la crisis en Corrientes. Las noticias llegaron por teléfono a su señorial despacho, donde aún no hay rastros personales. Pero, como vicepresidente, respondió sobre las responsabilidades de su gobierno en la crisis.

Sostuvo que impulsará desde la vicepresidencia una de las prioridades de la administración De la Rúa para el año próximo, que es la reforma del sistema político: la transparencia en el financiamiento de los partidos, el mejoramiento del sistema electoral, el peso de las legislaturas en los presupuestos provinciales y la modernización de los procesos políticos.

«Hay una masa crítica en favor de esa reforma, hay que ponerla en marcha. No debe ser como hizo este gobierno (sic) en varias ocasiones, que llegaba un ministro del Interior y mandaba un paquete de la reforma política al Congreso, donde quedaba automáticamente desactivado», agregó.

Alvarez convocará a politicólogos de prestigio a integrarse al programa de reforma política que se creará en pocos días más en la órbita de la vicepresidencia. Ya acordó con Storani un trabajo coordinado con el Ministerio del Interior, que tiene una secretaría de reforma política. «La pregunta es cómo revertimos la crisis de institucionalidad que tiene la política, independientemente del grado de euforia o de expectativa y esperanza que se constituya después de una victoria electoral. No tenemos que confundir el estado de sensación del ánimo popular posasunción con lo que pasa de fondo con la política en nuestro país. Ahí está el ejemplo de Venezuela, de Paraguay. No podemos quedarnos dormidos.»

-¿Qué grado ocupa la reforma política en la lista de prioridades del Gobierno?

-Es una prioridad de la sociedad y del conjunto de la dirigencia política. Si se le está pidiendo un esfuerzo a la gente, no hay que relativizar esa propuesta de transparencia que le hicimos a la sociedad. Hay que profundizarla. El caso correntino es típico del fracaso de la clase política, que está ahí, una crisis del sistema político fuertísimo. ¿Cuánto tenemos que esperar para cambiar estas cosas? ¿Que aparezcan muchas Corrientes?

Alvarez afirmó que el Gobierno comenzó a dar señales sobre la reforma que impulsa con el recorte de 1400 millones de pesos en el presupuesto al que dio sanción la Cámara de Diputados.

«Son recortes al poder político, porque se recortaron gastos reservados y ATN (Aportes del Tesoro Nacional) -sostuvo-. Cuando dijimos en la campaña que el ajuste lo iba a hacer la política, fue en serio. Los gastos reservados siempre financiaron la política. Sacamos esa plata que se usaba para la política.»

El vicepresidente aseguró que está decidido a convocar a las otras fuerzas políticas a participar de la reforma del sistema del que participan. La construcción de consensos, afirmó, es clave para lograrla.

-Las declamaciones de consenso estuvieron presentes durante la transición y, sin embargo, el fracaso del debate por la aprobación de las leyes económicas pareció demostrar la dificultad para hacer cierto ese enunciado.

-Hay dos niveles. Uno es el de la política día tras día, que sigue carriles tradicionales en la dinámica oficialismo-oposición. Me parece que se pecaba de excesivo optimismo en la idea de que el mapa político que había quedado en la Argentina llevaba a la construcción de consensos. Lo que prima siempre es la competencia. Pero la posibilidad que brindaba este momento era que podía hacer coexistir a la competencia con construcción de compromisos y de consensos.

Que no sea solamente a partir de que el gobierno es nuevo y entonces tiene legitimidad y hay que acompañarlo:eso es más un acto de oportunidad que de construcción de consenso. Mirar las encuestas, ver cómo está quien gobierna y si está muy alto acompañarlo… eso es una jugada marketinera . Es evidente que la construcción de consensos tiene que ver con una dirigencia que tenga una visión de la Argentina a más largo plazo.

-¿Cree que con el PJ se pueden construir consensos?

-Hay que buscar a los dirigentes del justicialismo que por distintas circunstancias tengan un compromiso mayor. Hay dirigentes que creen que no importa que la política se siga deteriorando porque de última es como un producto que la gente va a tener que comprar, le guste más, le guste menos, y tiene una visión en la que el deterioro y la deslegitimidad de la política no es una preocupación. Otros tienen una visión más estratégica.

-¿Quiénes?

-Con los dirigentes que tienen la pretensión de ser presidentes en el 2003 en el PJ, Reutemann, De la Sota y Ruckauf, se puede empezar a trabajar. Estos temas no tienen que ser definidos por la coyuntura económica cuando no hay más margen. Esto es lo que no se entiende: lo que no hagamos por propia autoconciencia e inteligencia nos lo van obligando las penurias de la coyuntura, el mal humor de la gente. Y va a ser peor, porque va a ser a la defensiva. Algunos creen que se puede seguir viviendo la política como en el 83, o como en la década del setenta, cuando hubo democracia en la Argentina. No es así. La gente, inexorablemente, va a un cambio. Lo importante es que podamos acelerarlo.

-¿Qué lugar tendrá Carlos Menem como jefe del peronismo?

-A Menem no le interesan estas cosas. Fue uno de los mayores responsables de que la sociedad asocie la política con el delito. Ha hecho un daño tremendo a las instituciones y a la práctica política.

Paola Juárez Graciela Mochkofsky